Comentaba un amigo mientras veíamos el Sevilla-Velncia de ayer: “qué rollo jugar contra el Valencia, que cuando hace un buen partido significa que ha defendido bien y que en algún momento los buenos de arriba la han enchufado”.
Visión simplista pero bastante real de un equipo que ayer salió demasiado especulativo en el campo del Sevilla. El choque entre los que deben ser la alternativa al título para Barça y Madrid estuvo marcado por el juego tosco, las interrupciones y el doble pivote, ese recurso desde mi punto de vista pasado de moda ya, al menos para los equipos que quieran conseguir cosas importantes.
Cuando dos equipos plantean un partido de juego físico o directo, ganará el que menos fisuras tenga o el que sea capaz de sacar alguna genialidad de entre tanto barro, al final sólo los “peloteros” del Sevilla fueron los que aparecieron.
Algunas luces entre tantas sombras y una muy especial, la del delantero Negredo. Suyos fueron los dos goles de su equipo que posibilitaron la victoria sevillista y sobre todo, suyo fue el precioso tanto fruto de su asociación con otros como Jesús Navas (1:14 en el vídeo, aunque el locutor le de la autoría de la asistencia a Renato). Absolutamente nada que envidiarle a la cacareado taconazo de Guti en Riazor.
Sólo la entrada tardía de Banega le dio algo de sentido al un centro del campo valencianista formado por Albelda y Marchena, más preocupados de contrarrestar la fuerza recuperada de la Copa África que de crear juego. Y por mucho que Villa, Silva y Mata sean capaces de crear peligro por síu mismos, todo tiene un límite.
Artículo original: Notas de Fútbol